Sacar, poner, dejar. Cuero de Potro intervenido.

Libro de Artista. Pata digital. Obra realizada a pedido del Museo de Bellas Artes y del Museo Histórico de Tandil.
El cuero se saca (Lo hacemos casi todos... )
El cuero se pone (Lo hacen algunos, )
El cuero se deja. (Unos pocos, nomás.)
Intervención en un cuero de potro que termina siendo el que interviene en el autor. La Pata tangible contiene: Cuero de potro, avíos del croto, dibujitos, cuaderno de bitácora. La pata metafórica: Tiempo.
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lunes, 27 de septiembre de 2010

Google.


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"Dejar el cuero" 12.100 resultados en 0,31 s.

Acá, lo cotidiano: "SACAR EL CUERO"
que lo hacemos casi todos.

Algunos, muchos, ponen el cuero.
Y unos pocos, lo dejan.

Dejaron el cuero:
Los Fierro
Evita
Guevara
O un Fontanarrosa en el tablero
Gorriarena en el empaste
Policastro en el silencio
o una Aída Carballo en la soledad y el encierro (y la persistencia)
Alfonsina en el mar, literal.
Alejandra en el poema y en la duda.
Cientos y cientos de mujeres en la batea,
y así.

Elijo trabajar el cuero del lado de la carne. Del lado de adentro. (con perdón del dueño, claro)

sábado, 25 de septiembre de 2010

La búsqueda


En el rastro. Hay que bajarse del caballo para encontrar ciertos rastros, dice Saul Huenchul, curador de las muestras en las letras del viento, patagonia abajo. Levantamos las manos del moro a leer las historias del camino. Voy a hacer un libro, le digo. Para una tal Indiana, insisto. ¿Indiana? Pregunta el Moro. -Voy a hacer un libro, de artista.- Insisto nuevamente. -Vamos- Responde el moro que al final es de los que pusieron el cuero. Y salimos al camino de la tinta china.

Al cruzar la bataraza el moro se ríe. Hay posgrados para leer la obra neorealista de coso en el Malba, le dice a la pasada. ¿Y para entender a Huenchul? Pregunta la Bataraza... El Moro ríe.

El cuero, los compañeros




En Cristiano Muerto. En 1977. Que años para andar por Cristiano Muerto, entre tantos cristianos muertos. Pero ahí fuimos buscando tierra quieta, serena. Un mundo dónde no pase lo que pasaba entonces. 18 años y nada.
El primer compañero de viaje, Doni. Don Ignacio mi hermano.

A el Cuero.
¿Quién eras?
Yegua noble.
Pingo viejo.
Hoy, vacío y sin memoria de tu individualidad, sos a la vez todos los potros y todas las manadas juntas. Los bellacos, los mansos, los trotadores, los lijeros, los volvedores, las paridoras que dieron su leche a los muchachitos de tos convulsa y a los cautivos de los toldos. Los Blancos robados y los Blancos comidos. Los livianos en las gateras o en los aviones rumbo a los polos del desierto y la fortuna.
Los sulquis en la escuela contigo en las varas, los costillares al asador, la trenza fina, la costura, producto de tus lonjas, las botas tan de potro como este cuero tuyo y nuestro que tengo sobre la mesa de trabajo.
Los cencerros. Las tropas en las rondas de la noche de luna, aquellos tres de ustedes que a Santiaguito lo llevaron Atuel arriba rumbo a la libertad. Los que ensilló Mariano para volver al pago de su infancia y los que cargaron en Curupaytí.
Sol y heladas te maduraron el pelo.
Tiempo y desengaños me fueron calmando a mí.

Ahora, este rato, estamos juntos.